De los rostros visiblemente emocionados, a la tranquilidad y el gozo en el gran cortejo celeste.
Todo se vivía con normalidad hasta que, cuando el paso del Cristo de la Misericordia se situaba a la altura de la Parroquia de Los Ángeles y el paso de palio aún no había salido a la calle, la lluvia hizo acto de presencia.
Fueron éstos los primeros momentos de incertidumbre -que no los últimos- en una tarde de Domingo de Ramos que tardó en remontar. Este cronista no perderá un instante en juzgar las difíciles decisiones a que se enfrentaron en la tarde de ayer las distintas juntas de gobierno de las cofradías que harían estación de penitencia. Lo cierto es que las caras de los integrantes del cortejo eran un poema en esos difíciles instantes, pero finalmente Los Ángeles volvió a llenar de celeste las calles de Almería con nada menos que 190 nazarenos.
Con la marea celeste en la Carretera de Granada volvió a llover de manera moderada, si bien la cofradía continuó con decisión su discurrir por esta calle a fin de alcanzar la Puerta de Purchena. Sí parece oportuno señalar lo desagradable de encontrarse a numerosos vehículos estacionados en esta parte del itinerario de una Cofradía. Dejando a un lado la problemática acaecida en este Domingo de Ramos, lo cierto es que las imágenes que gubiara el maestro Dubé de Luque, el Señor de la Misericordia y la Reina de los Ángeles, precedida de casi medio centenar de mantillas, lucieron excelsas tan pronto como se despejaron las nubes y las dudas.
Los costaleros de ambas cuadrillas realizaron una magnífica labor, máxime teniendo en cuenta lo difícil que se les debió hacer volver a trabajar con normalidad tras las dificultades encontradas en los primeros kilómetros de uno de los itinerarios más largos de nuestra Semana Santa. Afortunadamente, a partir de la calle Tiendas la tarde recuperó la normalidad en lo meteorológico mientras la Reina de Los Ángeles era dulcemente mecida a los compases de "Mi Amargura", magistralmente interpretada por la Asociación Musical Bienmesuena de El Saucejo (Sevilla). Con el cortejo asentándose en la calle, repleto de detalles de recuerdo a Gabriel Cruz Ramírez, discurrió la Cofradía desde el entorno de la Catedral hasta la Carrera Oficial.
El camino de vuelta estuvo marcado por dos momentos: el primero, una bellísima petalá desde la nueva Casa de Hermandad del Silencio; el segundo, el saludo a la Esperanza Macarena.
De vuelta en su barrio, Los Ángeles fue un clamor hacia su Hermandad, a la que quiso arropar en una noche difícil para sus cofrades y para un Hermano mayor que se despide y otro que ya llega: Francisco Salas y Samuel Cañadas. Afortunadamente, llueva o no en próximos Domingos de Ramos, quedan muchos meses por delante para disfrutar del buen hacer de esta Cofradía que solo sabe crecer.
(Diario de Almería)
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