El fervor se vivió al paso por una abarrotada Plaza de la Catedral.
Parece que fue antes de ayer, pero han pasado once años. Cuando un grupo de fieles cristianos conscientes de su pertenencia a la iglesia católica, previa autorización del Obispado, realizan el traslado de un crucificado propiedad de D. José García Pardo desde la Parroquia de San Juan Apóstol y Evangelista. Desde el casco antiguo de nuestra ciudad, a la Iglesia de San Roque del humilde barrio de Pescadería. Unos días más tarde se firmó el documento de donación a la Iglesia donde se realizó el traslado y una vez cumpliese lo requisitos previstos en la legislación vigente en estos casos, para que fuese venerada y expuesta al publico.
A todas y cada una de estas personas que viven la Semana Santa de una manera muy intensa, ya sienten en sus corazones, como han llegado al ecuador de ella. Pues en la tarde noche de ayer, Miércoles Santo, segundo año consecutivo que realizan su estación de penitencia en dicha fecha. Recordemos que hace tres, la Hermandad de Calvario lo hacía un Sábado de Pasión, aportando las primeras impresiones de nuestra semana magna.
Muchos fueron los componentes sexitanos venidos desde Almuñécar para formar la Banda de cornetas y tambores de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia. Ellos volvían a tener el privilegio de poner los sones musicales al paso de la conmovedora efigie del crucificado a tamaño natural. Labrada en madera de cedro policromada, con una altura de 185 cm. Realizada por el imaginero sevillano D. Miguel Bejarano Moreno. Crucificado que le acompaña dentro del mismo, Nuestra Señora de las Lágrimas, imagen realizada también por el mismo escultor. Junto a San Juan Evangelista. Recreando el momento iconográfico de la pronunciación de las siete palabras antes de la expiración de Jesús, cuando se encuentra clavado en la cruz.
Las saetas no se hicieron esperar a tan importante cita en la del día de ayer, justo a la salida de la puerta del templo. Pues era Antonia López , quien ponía voz los primeros rezos en forma de cante, en la calle corbeta, justo cuando a la imagen del Cristo del Mar, realizo el giro para incorporarse a ella. Todo el mundo expectante ante esos halagos, con móviles en mano para no perderse ni un segundo y poder revivirlo mas tarde desde cualquier punto.
La tarde de un Miércoles Santo soleado, con su cielo azul completamente despejado y una suave brisa marina. Hacia que el crucificado marchaba con paso lento pero seguro a carrera oficial por segundo año consecutivo.
Poco a poco las túnicas con verdugo negro y cíngulo blanco fueron tomando el histórico barrio de Al-Hawad o de Pescadería. Surgido en torno al siglo XII como arrabal a extramuros del Oeste de la Medina cuando ésta aumentó su población y se quedó pequeña. Quizás alguno de ustedes no lo pudo presenciar, pero pequeño también se quedo éste majestuoso barrio.
Así pues el núcleo histórico del que les estoy hablando, de nuestra ciudad, Al -Madinat, La Medina o La Almedina como hoy se le conoce. Justo en la fachada sur del monte donde se ubicaba una atalaya, donde mas tarde se mandaría construir nuestra Alcazaba. Esa fortaleza defensiva de la costa de la antigua Cora de Bayyana.
Una tarde algo diferente a todas las vividas. Uno de los motivos fue la celeridad de su transito hasta llegar a la calle General Tamayo, donde el cortejo se detuvo durante unos largos quince minutos. Todo ello por para evitar provocar interrupciones a las otras hermandades que salían en la tarde de ayer.
(Diario de Almería)
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