Menos mal que El Juli apareció en toda su dimensión para ponerse por encima del quinto de la tarde que fue el mejor con diferencia de un encierro que, sin ser malo, apenas sobrepasó la dolorosa línea roja de la mediocridad. No es que Ferrera dejara pasar la ocasión de reivindicarse en esta Plaza, pero cuando los toros no emocionan el toreo tampoco. Y Roca Rey ni tuvo suerte ni acertó al buscarla. Menos mal que apareció El Juli.
Julián López se encontró en su primero a un ejemplar tan noble como poco ambicioso que tampoco andaba sobrado de fuerza. Mediocre el toro, mediocre el toreo. Algún cabeceo a destiempo rompió la grisura de la faena.
Su segundo se venía de largo, con alegría. Sin dar la nota alta que se espera de Zalduendo, pero con la calidad suficiente. Lo demás lo puso Juli, desde la cima de su talento. Las emociones llegaron con el pase cambiado aprovechando las virtudes del animal y tapando, de algún modo, sus defectos. Las tandas se sucedieron marcadas por ese destello de torería. Juli respiró al salir de la serie y se echó la muleta a la izquierda para cobrarse lo que ya llevaba toreado. Naturales cadenciosos con el toro ya dominado. Y en eso, citó de rodillas obviando que el animal tenía aún cosas que decir. De ahí, el susto. Juli volvió a ponerse de rodillas en un ajustado molinete de rabia y siguió toreando espoleado por su raza torera que es mucha. Tanta como demostró en el impresionante volapié con el que firmó su actuación.
Ferrera
Antonio Ferrera se lució en los capotazos de recibo pudiéndole al toro desde el tercio a la boca de riego. Luego, elegante en el quite por verónicas, subrayó la pureza de sus conceptos.
Con los palos, enorme. En el segundo par, se asomó al balcón tanto que el derrote del animal le lastimó la mano. Pero aún quedaba un excelente tercero.
El toro llegó a la muleta con su punta raza y Ferrera lo trató con serena firmeza y la convicción de acabar por encima de su enemigo. El toro no le permitió ligar a gusto, pero Ferrera estaba dispuesto a todo y consiguió al final una serie de naturales meritorios a base de oficio y sentido torero. Insistiendo en el toreo y entendiendo al toro. Después de un elegante remate entró a matar hiriéndose en la mano derecha.
Su segundo no era un derroche de casta. Pronto en la embestida,pero pobre en la respuesta. Ferrera porfió hasta robarle los pases como si fuesen sólo cosa suya. Por el pitón izquierdo el diestro extremeño de adopción se lució un punto más. Le costó trabajo limar las embestidas sin clase del animal, dejando luego apuntes brillantes a base de fuerza de entrega y profesionalidad.
Roca Rey
Malas trazas sacó de toriles el tercero de la tarde: parecía que se estaba saliendo de la suerte antes de entrar en ellas y luego en el caballo, se defendió buscando el pecho de la montura y ofreciendo, en fin, una pelea exenta de clase . En la muleta, rebrincado, cabeceando. Pero Roca Rey quería triunfar y se olvidó del pitón derecho para buscarle una punta de claridad por el izquierdo para hacerlo todo él. Tirar del animal, templar su embestida deslavazada, sacar agua de un pozo que parecía seco.
Acertó en el terreno, la distancia y las pausas. Por eso su faena pudo escapar de la mediocridad que amenazaba el animal.
Motivado por los éxitos de sus compañeros de cartel, Roca Rey afrontó el sexto de la tarde cargado de responsabilidad. El peruano saludó al toro con tafalleras de rodillas y siguió por chicuelinas para rematar de larga cambiada en la misma boca de riego. Le quedaba un toro y mucho que demostrar.
El quite, variado y vistoso, alternado tafalleras y cordobinas y afarolando los lances con garbo. Pero la faena esperada se quedó parcialmente en el tintero.
Quizás no supo entenderlo. No era un ejemplo de raza,pero era interesante y tenía su faena que no era de arrimones ni gestos y sí de oficio.
(La voz de Almería)
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