La Cofradía de Estudiantes, una de las hermandades grandes de la Semana
Santa almeriense, vive con extrema preocupación las pocas semanas que
restan para la salida procesional del próximo Miércoles Santo. Dos
inundaciones, una tras otra, con pocos días de diferencia, han causado
graves desperfectos en sus enseres, algunos de ellos de orfebrería y
vestidos de valiosos tejidos, incluso los utilizados para la vestimenta
de la Virgen del Amor y de la Esperanza. Y ahora, aún sin cuantificar
todos los destrozos, la Cofradía, compungida, estudia cómo puede tener
todo listo para volver a procesionar sin problemas el próximo 1 de
abril, fecha escrita a fuego en el calendario.
Según trasladaron a IDEAL fuentes de la propia hermandad, los sucesos
tuvieron lugar las madrugadas de los días 28 y 31 de diciembre del
recién acabado 2014 en su Casa de Hermandad, un piso ubicado en la calle
Velázquez de la capital, en pleno Casco Histórico almeriense. «Se han
echado a perder muchísimas cosas, estamos evaluando con los seguros para
ver qué podemos hacer», relataba, por su parte, el hermano mayor de la
Cofradía de Estudiantes, José Luis Cantón.
Unos recalos en el inmueble anegaron el suelo del piso en el que tienen
ubicada su sede social y afectaron tanto a los enseres de orfebrería de
plata y alpaca como a los ropajes con los que procesiona la imagen
titular mariana, la de la Virgen del Amor y de la Esperanza. «Los
enseres estaban todos verdes del agua, vamos a tener que mandarlos todos
a limpiar de nuevo», se lamentaba Cantón. Peor solución, sin embargo,
tienen los ropajes. A día de hoy, indicó el máximo dirigente de la
organización confesional, están dejando secar todos los hábitos. Pero es
probable que se hayan perdido bastantes. Y no son precisamente ropajes
baratos. «La inundación ha llenado de agua los armarios con las ropas de
nazareno y las de la Virgen. Aún no sabemos qué hemos perdido y qué
podremos salvar», aseveraba.
Los fuertes recalos provocaron la caída de parte de los techos de
escayola de la Casa de Hermandad y, a su vez, han afectado a la
instalación eléctrica del inmueble, por lo que gran parte del mismo está
a oscuras e inutilizable la mayor parte del día mientras los hermanos
se afanan en dar lustre a su sede y devolver, como sea, todo a la máxima
normalidad.
Comida para tirar
Lo que sí que han tenido que desechar, con profunda tristeza, han sido
los alimentos que la Cofradía custodiaba en la C
asa de Hermandad y que
luego tenía previsto repartir, tras su recolección, entre los más
necesitados a través de distintas oenegés de la ciudad. «Hemos tenido
que tirarlo todo, es lo que más se ha echado a perder», lamentó Cantón.
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