Además de las cinco o seis marcas de cerveza genuinas almerienses o de las seis o siete bodegas de vinos, la provincia cuenta en su haber con una fábrica de mojitos, tan auténticos como los que se puedan beber en el Malecón habanero, pero macerados en Dalías, a los pies de la Alpujarra; una ginebra apreciada por los británicos con receta hecha en Turre; una granja de caracoles criados en la tierra de Serón; un jamón, no de cerdo, sino de cordero segureño, criado en la zona de Los Vélez y unas migas congeladas, alumbradas por un carpintero de Lubrín, que están -dicen- como recién sacadas de la paila.
Es solo una muestra de la capacidad tan almeriense de inventar nuevos productos y mercados, más por pura necesidad que por vocación, como una manera emprendedora de buscarse la vida.
Caribata, fundada por Juan Angel Ruiz, el gerente de la empresa de cubitos de hielo Cubisol, elabora ocho variedades de cócteles sin alcohol, entre mojitos, piña colada, capiroskas, margaritas y daiquiris sin alcohol, que están empezando a entrar con fuerza en el mercado. Se trata de cócteles con productos naturales como la lima, el azúcar moreno y la hierbabuena que sirven de base para que el consumidor final le añada la soda o el ron a discreción. Francisco del Rosal, director comercial de la firma, explica que “la idea de fabricar cócteles surgió cuando al gerente le pidieron de una comunidad de vecinos que además de aportar el hielo se encargara también de hacer los mojitos. Llenó una palangana de seis litros con una receta artesana y tuvieron tanto éxito que se le ocurrió montar una factoría”.
Certificado Halal
Caribata, con poco más de un año en el mercado, ha ido haciéndose de distribuidores en distintas provincias andaluzas y levantinas, en Carrefour, y ha exportado ya 75.000 botellas a los Emiratos Arabes, gracias a su certificado Halal. “En Dubai consumen mojito almerienses en varios hoteles y en los restaurantes del español Mariano Andrés”, indica Del Rosal. Otra aventura almeriense vinculada al sector de los espirituosos es la de Isabel Ruiz y Manuel Crespo, oriundos de Turre, que han conseguido poner desde hace un año en el mercado, una digna ginebra que está haciendo furor entre algunos británicos de Sierra Cabreras, esos que la inventaron y la supieron combinar con tónica en la India colonial
Isabel recuerda la atracción que sentía por los procesos de destilación en los laboratorios químicos en los que había trabajado y su afán por hacer ensayos en la cocina de su casa. Así, con el apoyo de su marido vinculado a la hostelería y de su suegro excelente catador, surgió Portomagno, en referencia a la Almería romana. “Tras muchas horas investigando dimos con la fórmula mágica compuesta por ingredientes como alcohol de cereales, enebro, cilantro, canela, almendra, cardamomo, azahar y cítricos”, indica Isabel.
Han comercializado ya unas 15.000 botellas en menos de un año y aunque la destilación la realizan en Granada, su sueño es poder contar con su propia factoría de alambiques y decantadores en Almería. La venden en Eroski, Alcampo y a mayoristas. “Un inglés que se casó en la sierra, puso como condición que se sirviera como única bebida la ginebra de Turre”, recuerda Isabel.
150.000 caracoles se crían en Serón
Serafín Cano es un seronero de pura cepa, como los jamones que vendió durante veinte años hasta que la empresa donde trabajaba dio en quiebra. Entonces se levantó con cara de parado una mañana y dijo que eso no podía seguir así: vio un documental de caracoles en Antena 3 y decidió embarcarse en la aventura de instalar una grana de cornudos moluscos en un finca de La Jauca. Fue para ello a hacer cursillos de formación a Galicia y a Egea de los Caballeros (Zaragoza) hasta que se vio ya preparados para poder guiar una explotación en su propia tierra. “Con 56 años y la ayuda de dos hijos me he convertido en empresario, con la marca Caracoles el Perdiz”.
Serafín se fue a tierras aragonesas y compró 65.000 caracoles reproductores que habían estado invernando en cámaras. “ Me gasté 5.000 euros pero estaban fuertes como robles, deseando aparearse cuando los solté en el invernadero de 3.000 metros que les acondicioné bajo plástico, más 90 metros de sala de reproducción”, expone. Ahora cuenta con más de 150.000 individuos y ha suministrado a otras pequeñas granjas de El Ejido, Pechina y Huércal-Overa. En primavera se dedica a la suelta y reproducción y de septiembre a diciembre acelera la comercialización.
Además ha introducido la novedad del caracol ya cocido que vende en bolsas termoselladas para la hostelería, como el Grupo Lamarca. Las ventas de este caracol criado en Serón están en torno a los 20.000 kilos anuales y según Serafín “el problema es que faltan caracoles”.
800 kilos al mes de migas congeladas de Lubrín
Eloy Muñoz, después de 30 años con el cepillo de carpintero conviviendo con el aroma a serrín en su pequeño taller de Lubrín, decidió cerrar el negocio. La crisis hizo que los pedidos bajaran y tuvo que despedir e idear una nueva manera de ganarse la vida.
Con ayuda de su mujer Elisa Ramos se pegó a los fogones e intentaron comercializar berenjenas y calabacines rellenos, pero las ventas no tiraban. Entonces probaron con las migas y vieron que no perdían sabor si se congelaban y así nació Migas Precocinadas El Castillico con las que se han adentrado en el mercado con la ayuda de su distribuidor Valero Alonso, de Antas. La vida de Eloy y Marisa pasa ahora por remover y remover la paila con el palo, como hacían sus abuelos y sus tatarabuelos, combinando la harina con el aceite de oliva y la sal con el fuego y la medida justa “para que no queden cabezonas”. Venden unos 800 kilos semanales, sobre todo a comedores escolares, bares y restaurantes y el negocio sigue creciendo.
Jamón de cordero
Un pequeño productor de la Puebla de Don Fadrique, en Granada, ha comenzado a comercializar jamón curado, no de cerdo, sino de cordero segureño, del que se alimenta en los pastos velezanos. Domingo Guijarró vende estas paletillas con el nombre de ‘El Corteza’ y está empezando a levantar expectación en los mercado por lo arriesgado de su apuesta.
Se abren paso los mojitos de Dalías y la ginebra de Turre y un extrabajador de un secadero de jamones cría caracoles en Serón y un excarpintero congela migas en Lubrín
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