Sin exageración alguna, existen más de cincuenta aplicaciones para conocer gente, ligar, relaciones estables (matrimoniales o no), hacer amigos, adoptar un tío o una tía, amigos con derechos, roces ocasionales, chatear en privado, aventuras traviesas, en fin, un menú variadísimo, incluso algún club de fútbol dispone de una aplicación para que sus hinchas liguen entre ellos.
El reclamo, por así decir, de estas aplicaciones telefónicas o webs es simple, sin complejos: más o menos, que, si Cupido no viene a nosotros, nosotros buscamos el sucedáneo porque ‘la dinámica del día a día hace que estemos cada vez más ocupados y tengamos menos tiempo para salir y conocer gente (y ligar)’. También nos hemos hecho más vagos, añado. La lista de estas innovaciones tecnológicas, ya digo, es amplísima. No es lugar ni hora de dar pistas, quien las necesite o quiera entretenerse que se moje y bucee.
En las alcantarillas de internet, que las hay, ahí la cosa es ilimitadamente salvaje, la cara oscura de vicios, depravaciones, perversiones. Las patrullas cibernéticas de la Guardia Civil rastrean esas cloacas, escarban en lo más apestoso y sale lo que sale. No todo, pero lo suficiente para hacerse una idea. Cuentan lo que pueden en los telediarios, aunque no lo más brutal, lo más cruel, bazofia tan repugnante que la mente humana normal no es capaz de digerir.
Para lo que no hay aplicación, pero sí un teléfono, el indicado arriba, es para mitigar, consolar, calmar, aliviar, dulcificar, la gran soledad, el sentimiento de soledad de muchísimas personas que se sienten poco atendidas, poco escuchadas; personas que atraviesan crisis puntuales debido a situaciones de separación, de duelo, de ruptura familiar; de crisis generacionales que se producen en los miembros de la familia; estados de depresión, de ansiedad. Si usted llegara o se encuentra en situaciones similares a las descritas o en cualquier otra que le provoque males en el alma, marque el Teléfono de la Esperanza. Al otro lado y a diferencia de las aplicaciones, le va a atender un ser humano, un voluntario eficazmente preparado, de forma totalmente anónima, sin identificador de llamada, sin indicación geográfica.
Las personas voluntarias que atienden el Teléfono de la Esperanza reciben una formación muy exhaustiva de un año de duración, en el que trabajan el desarrollo emocional propio, la solidez personal, formación específica acerca de acogida, comprensión del problema, empatía, comunicación y escucha activa, resolución de conflictos, formación especial sobre temáticas de duelo, depresión, suicidio.
A este respecto, el suicidio, una voluntaria del Teléfono de la Esperanza con dieciocho años de experiencia, desde que en el año 2000 se inició el Teléfono en Almería, cuenta que lo que más impacta es la crisis suicida, “donde vemos la vulnerabilidad humana, donde se pone de manifiesto esa situación de querer dejar de sufrir que no es lo mismo que querer dejar de vivir”.
La misma voluntaria me ofrece datos. Así, la franja de edad comprendida entre los 35 y 65 años es la que más utiliza el Teléfono de la Esperanza, si bien se advierte desde hace un tiempo un gran incremento de llamadas efectuadas por personas mayores de 65 años. En cuanto al horario, reciben más llamadas por la mañana y le sigue la tarde/noche.
No sé quién pueda ser esta voluntaria que me escucha y me habla al otro lado del teléfono, si en algún momento lo necesitara la llamaría porque, como ella dice “cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos”. Y, también, porque sé que no me juzgará, me escuchará, me dedicará su tiempo, tiempo que le restará a su ocio, a su familia, por el simple motivo de sentirse útil. Y si fuera preciso iría más allá del teléfono. El Teléfono de la Esperanza no solo presta atención telefónica, sino también entrevistas con profesionales en la sede totalmente anónimas y gratuitas; cursos, entre otros, de formación emocional, autoestima, separación afectiva, duelo, comunicación, crecimiento personal.
El Teléfono de la Esperanza es un servicio permanente de Orientación por teléfono. Funciona las 24 horas del día, durante los 365 días del año, atendido por voluntarios especializados en la escucha y formados para activar las capacidades de las propias personas para superar sus problemas.
(La voz de Almería)
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