Las criaturas que encarnaron la turbadora y divertida experiencia. La Voz.
‘Cabaret maldito’ o ¿bendito cabaret? Bendito espectáculo este capaz de robarle un poco de alma a miles de personas sin caer en la ñoñería y la mediocridad de los musicales al uso.
Con este espectáculo que se presentó el pasado jueves en Almería, Suso Silva ha vuelto adueñarse de un espacio en el que el espectador se siente bien desde la primera impresión. Desde que los personajes se entremezclan con los acomodadores antes de que comience el espectáculo, “incomodándolos” con su descaro que nunca sobrepasa los límites de buen gusto. Es difícil dejarse caer por el tobogán de las pasiones inconfesables sin perder el rumbo, pero el Circo de los Horrores ha conseguido desarrollar un lenguaje escénico propio, en el que nada impide disfrutar del espectáculo. Por cierto, un espectáculo de altísimo valor técnico en el aspecto circense, que es una referencia imprescindible en las creaciones de Silva.
La emoción del “más difícil todavía” traspasa sus límites tradicionales para adentrarse en el “más lascivo y perverso todavía”. En esa tesitura, la veintena larga de artistas que integran la compañía se dejan la piel para que la carcajada no atenue el perfume imaginario a azufre y a burdel. A pecado inconfesable, que en este caso se convierte en excusa para el ingenio y la creatividad. Por eso, se llenan las gradas de este circo que contiene en su carpa negra una alucinante fachada gótica en la que se ofrecen satánicos contratos.
Protagonista
Lucifer, interpretado por el mismo creador del espectáculo, seduce desde su primera aparición, manteniendo su discurso que incluye al final un bello alegato a favor del circo y del teatro. También hay texto hilarante y cargado de teatralidad en el predicador que luego se cambia de bando, en el adorable andrógino, en la mujer de los tres pechos o en el pequeño diablo.
Con todas esas criaturas de pesadilla circulando por el escenario, con todas esas provocativas alegorías encarnadas por los artistas y el constante elogio a las pasiones desordenadas, este espectáculo es capaz de trasmitir al mismo tiempo la impagable ternura del teatro y del circo. Por mucha ironía, por mucho humor negro, por mucha carne al alcance de la mano, ‘Cabaret maldito’ despierta la incombustible ternura del teatro hecho al alcance de la mano: una bendición para contrarrestar la agobiante cursilería de los talent shows sin talento o el alcanfor de las viejas glorias que viven de la telebasura.
Hay que agradecer al Circo de los Horrores que recuerde al público español hasta dónde puede llegar un verdadero artista que domina su profesión y el valor que tiene su trabajo cuando se ejecuta por derecho, sin trampa ni cartón. Impresionantes los diferentes números circenses: a buen seguro que la mayoría del público no ha visto en su vida nada parecido.
Música
La música desempeña también un papel esencial en el montaje. La voz de la madame cantando ‘Calling you’ -la bellísima canción de la película ‘Bagdad Café’- o un exquisito ‘Summertime’ ya avisaron desde el principio que merecía la pena escuchar. Más adelante, temas propios perfectamente encajados y algunos otros impagables y acertadísimos como el ‘Sex machine’ de James Brown.
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