Allí estaba también, eterno en el rincón, Manolo de la Poza y la vendedora de los viajes al Polo Norte previa compra de un décimo de lotería, allí estaba el serrín preparado para el suelo, los búcaros de flores en la puerta de Jovellanos y algún que otro turista despistado que nuca falta a la cita de Puga.
Todo igual, pero distinto, los camareros de siempre, con dos incorporaciones y dos nuevas cocineras. Puga es Puga y siempre lo será: basta unas gamba abrigada con una gabardina, el descorche de alguna botella alpujarreña y risas y sonrisas entre viejas y nuevas amistades almerienses
Los nuevos gestores toman las riendas con la incorporación de dos cameros y dos cocineras
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