No somos tan malos en esta tierra. No somos catetos a babor ni a estribor. No somos tan negativos y cuando nos llegue ese momento triste con el equipo en la cola lo mejor es viajar en el tiempo a la Almería de los Juegos Mediterráneos, muy culpable de todos los años de Primera División que llegaron después.
Gracias a Indalete y todo lo que se montó en la ciudad, esta Almería se sentía orgullosa y salía a la calle a colaborar en todo aquello que le pedían. Se vivieron los mejores Juegos Mediterráneos de la historia y nadie se llevó un mal recuerdo.
Nos dejó un Estadio maravilloso para la Primera División y una infraestructura para educar deportivamente a las nuevas generaciones. Todo lo que huele a Juegos huele a Primera.
Yo no olvidaré aquella mañana en el Colegio Goya con Don Rafael Florido que en Gloria esté. Vi su cara de alegría y la de unos niños en el Patio celebrando la noticia con su director.
Luego, me tocó cubrir la información en prensa, radio y televisión, y viajé al corazón de una magnífica organización. Jamás estuve tan cerca de los ganadores. Tan cerca del triunfo.
Han pasado diez años volando y al mirar hacia atrás veo una Almería feliz viviendo en la calle y en las instalaciones sus Juegos Mediterráneos con un equipo en Segunda División que se nos caía al pozo y... después la mejor etapa en Primera de todos los tiempos.
Ahora entenderán que no somos tan negativos, ni tan catetos, ni tan cinicientos, como algunos nos pintan y: ¡Juntos Podemos!
Y si bajamos a Segunda ¡Juntos Volveremos!
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Esta ciudad no es la Cenicienta de España y dio una lección al mundo en los Juegos del 2005
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