El artista sevillano Raimundo Amador fue el encargado de clausurar, en la noche del domingo, una nueva edición de Alamar, el festival de músicas del mundo que ha llenado la ciudad de sonoridades de distintas culturas desde el martes, día 21, con seis conciertos gratuitos.
El concierto comenzó con poco más de media hora de retraso. “Tocamos ayer [por el sábado] en Zahara de los Atunes, provincia de Cádiz, y hemos tenido problemas en la carretera”, se disculpó Raimundo Amador tras realizar la prueba de sonido ante una Plaza ya expectante. La espera se vio compensada enseguida con los primeros acordes de ‘Pa’ Mojar’, tema que abría su aplaudido directo en Las Ventas ‘Noche de Flamenco y Blues’ de 1998 y que hizo lo propio en la velada almeriense del domingo. Una banda llena de virtuosismo, desde el propio Raimundo, hasta el inconfundible bajista Pepe Bao, el baterista David Bao, el guitarrista Ricardo Marín y la percusión de Raimundo Amador Jr., todos ellos al servicio de la maestría fusionada entre el flamenco, el blues y el rock.
Tras ‘Candela’, al tercer tema, Raimundo se permitió la licencia de versionar a Lenny Kravitz y su ‘Always On The Run’, no sería la única de la noche. Hubo un amplio espacio para los desarrollos instrumentales para las varias ‘jam’ de improvisación en las que se divirtieron los músicos, equilibradas siempre entre los temas demandados por el público, como ‘Hoy No Estoy Pa’ Nadie’ o ‘Ay Qué Gustito Pa’ Mis Orejas’, de Pablo Carbonell.
Después de otra extensa pieza instrumental, donde los dedos de Raimundo Amador dieron clases magistrales de blues, sonaron otros dos reconocimientos logrados a Jimi Hendrix con ‘Little Wing’ y a Prince con una calorífica revisión de ‘Purple Rain’, intercalando entre ellas la vacilona ‘El Blues De Los Niños’. Antes de la primera despedida hubo espacio para el flamenco más puro. Raimundo Amador presentó por sorpresa a la bailaora Farruca, madre de Farruquito.
Para los bises, el guitarrista reservó la legendaria ‘Pata Palo’ y ‘Bolleré’, que quitó las pocas penas que aún pudieran quedar entre los congregados.
La Plaza Vieja se abarrotó el domingo para despedir una exitosa nueva edición de Alamar
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