Ni los cielos encapotados ni la significativa bajada de temperaturas han hecho mella en las ganas de diversión de los viatoreños que ayer disfrutaron de la cuarta y última jornada festiva en la que destacó, por encima de todo, la procesión de su patrona, la Virgen de las Angustias.
Y como viene siendo ya una tradición, la imagen de la patrona, sobre su trono dorado adornado con nardos blancos, fue arropada por la multitud en la procesión de alabanza en un acto que discurre bajo un silencio abrumador y que impregna las calles de incienso y olor a cera. Una estampa de misticismo y fervor que se ha convertido en una de las imágenes de los festejos de este municipio.
Pasadas las seis y media de la tarde, comenzaba el solemne acto una vez la imagen de la patrona cruzaba la puerta principal de la parroquia. Aplausos y emoción en los ojos de los reunidos en la plaza de la iglesia que cada año se congregan con su patrona para pedirle salud y trabajo, las dos mayores preocupaciones en estos tiempos que corren.
Dos filas de fieles caminaban portando sus velas ante el trono de la patrona al que precedía también la cruz de guía de la Cofradía de la Virgen de las Angustias y al que acompañaba un grupo de legionarios de la Base Militar de Sotomayor, que desfilaron bajo la solemnidad propia de esta procesión en honor a la Virgen.
Una procesión que concluyó con el estruendo de los cohetes lanzados en honor a la Virgen de las Angustias tras su entrada al templo. La imagen, que ostenta el patronazgo de Viator desde el año 1.769 y el título de alcaldesa perpetua de la localidad desde hace un par de años, volvió otro año más a ser el centro de todas las miradas en un claro ejemplo de fervor y devoción.
Los viatoreños apuraron las últimas horas de diversión en la verbena en la Plaza de la Constitución y trasnocharon para escuchar y disfrutar de la gran traca de cohetes que anunciaba ya el final de cuatro jornadas festivas en las que el denominador común ha sido la alta participación y el buen ambiente.
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