La selección de Alemania logró el título de campeón del Mundial de
Brasil-2014 al vencer 1-0 a la de Argentina con gol de Mario Götze, en
el estadio Maracaná de Río de Janeiro.
Partido parejo y emotivo
Alemania comenzó con toda la intención de
mandar en el partido desde que tocó la pelota, pero Argentina se lo
quería comer vivo. Por eso el duelo fue tan parejo y quienes pensaban
que los teutones iban a pasar por encima se equivocaron de cabo a rabo.
Al contrario, fue el conjunto albiceleste el
que mandó en el Maracaná hasta la media hora. Lionel Messi, el generador
de las mayores ilusiones, tuvo dos arranques a pura velocidad y
gambeta. Sin embargo, en una llegó forzado y centró mal hacia atrás,
mientras en la otra Boateng puso providencialmente su pie derecho para
desviarle el remate.
Pero mientras a Messi la lámpara de genio no
se le prendía, quien creció en dimensiones sorprendentes fue Ezequiel
Lavezzi. Toque corto y preciso y un endemoniado cambio de ritmo lo
convirtieron en el mejor de Argentina al cabo de los 45 iniciales. Caso
contrario ocurrió con Gonzalo Higuaín, quien se perdió la opción más
clara de anotar de la primera parte. Tras un error de Toni Kroos, el
'Pipa' vio la gloria tan cerca que pareció asustarse y remató desviado.
Alemania también hizo lo suyo pese a los
contratiempos que padeció. Sami Khedira se lesionó en el calentamiento y
su reemplazante, Cristoph Kramer, solo duró media hora y salió 'groggy'
luego de que el argentino Ezequiel Garay lo golpeara en la cabeza a los
22 minutos del primer tiempo, para darle paso a Andre Schürrle.
Fue precisamente él, con el número 9, quien
soltó un latigazo furioso frente al arco e hizo que Sergio Romero volara
rápido y desviara la pelota. Iban ya 36 minutos. A los 45, un cabezazo
de Hoewedes la mandó a estrellarse contra el palo izquierdo cuando ya
los alemanes preparaban el canto de gol.
El gol que no llega, el alargue que sí
La segunda parte también muy equilibrada. No
iban dos minutos cuando Messi se atragantó de gol con un zurdazo medido
que Neuer vio pasar junto al palo de su mano zurda. Argentina tenía a
Sergio Agüero en vez de Lavezzi y después Rodrigo Palacio sustituyó a
Higuaín, que no jugaba bien, pero quien salió lastimado por un rodillazo
en la cara del arquero Neuer que los argentinos vieron como una
salvajada y también como penalti.
Alemania tejió un par de jugadas fantásticas
que no terminaron en gol porque Schürrle y Klose fallaron en la puntada
final. Era un ida y vuelta el partido y emocionante también, pese a que
Thomas Müller y Messi andaban de pelea con los dioses del talento y la
inspiración.
Como 90 minutos no alcanzaron para definir al
vencedor llegó el alargue. Había que jugar media hora más. Había que
seguirlo dando todo. El que fallara o el que construyera una genialidad
iba a ser el campeón del mundo.
No pudo ser para Argentina, porque Agüero y
dos veces Palacio fallaron frente a Neuer. Fue para Alemania, porque a
Götze sí se le prendieron las luces de los genios y definió como el más
avezado de todos ellos.
Ya quedaba muy poco tiempo. Los corazones
alemanes palpitaban con demasiada fuerza, era como si quisieran salirse
del cuerpo para correr a abrazarse con los jugadores, que tras el pitazo
final formaron una montaña de felicidad, la de los nuevos campeones del
mundo, en el centro de la cancha del Maracaná.
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